¿Puede tu mascota mentirte?
¿Puede tu mascota mentirte?
Si convives con un perro o un gato, quizá ya hayas tenido esta impresión: a veces tu compañero parece intentar hacerte creer algo… para conseguir lo que quiere.
En casa tenemos dos perros: Largo, nuestro pastor alemán, y Ulk, nuestro labrador chocolate.
Cada mañana reciben una pequeña golosina. El ritual está perfectamente establecido: en cuanto se levanta el primer miembro de la familia, vienen a sentarse tranquilamente delante de él esperando su recompensa.
Hasta aquí, nada fuera de lo normal.
Pero lo más divertido es que, un poco más tarde, cuando se levanta otra persona de la casa… ¡repiten exactamente la misma escena!
Se vuelven a sentar, ponen su mirada más inocente y esperan como si todavía no hubieran recibido nada.
Y hay que reconocerlo… ¡a veces su estrategia funciona! Se van con una segunda golosina.
Entonces, ¿realmente saben nuestros animales mentirnos?
¿Pueden mentir los animales?
No exactamente.
Mentir, en el sentido humano de la palabra, implica saber que una información es falsa y comunicarla voluntariamente para engañar a alguien.
En los animales, los especialistas suelen hablar más bien de comportamientos aprendidos o de estrategias.
En otras palabras, recuerdan lo que funciona… y lo vuelven a intentar.
Los perros son excelentes observadores
Los perros pasan gran parte de su tiempo observándonos.
Aprenden muy rápidamente qué comportamientos les permiten obtener una recompensa.
¿Sentarse delante de una persona les consigue una golosina?
Entonces, ¿por qué no intentar exactamente lo mismo con otra persona unos minutos después?
Probablemente no piensan: “Voy a hacer creer que todavía no me han dado nada.”
Sin embargo, sí saben que repitiendo el mismo comportamiento a veces tienen la posibilidad de conseguir lo que desean.
También conocen muy bien los hábitos de la familia
Los perros aprenden rápidamente quién tiene más probabilidades de ceder.
Algunos saben perfectamente a quién acudir para conseguir una caricia, un paseo… o una golosina extra.
En casa, Largo y Ulk parecen haber comprendido que siempre merece la pena probar suerte con cada miembro de la familia.
Después de todo… si funciona una de cada dos veces, ¿por qué dejar de intentarlo?
¿Y los gatos?
Los gatos también saben aprovechar muy bien nuestros hábitos.
¿Cuántos propietarios se han preguntado alguna vez si su gato estaba intentando conseguir una segunda comida?
Puede maullar delante de su comedero aunque acabe de comer y luego ir a pedir comida a otra persona de la casa.
Una vez más, probablemente no se trata de una mentira, sino de un comportamiento que ya le ha dado resultado anteriormente.
¿Saben nuestras mascotas manipularnos?
En cierto modo… sí.
Aprenden qué comportamientos atraen nuestra atención.
Una mirada insistente.
Una pata apoyada sobre nuestra pierna.
Un pequeño gemido.
O esa famosa postura perfectamente sentada delante del armario donde se guardan las golosinas.
Si algún día ese comportamiento les permite conseguir lo que quieren, es muy probable que vuelvan a repetirlo.
Entonces… ¿mentira o inteligencia?
En definitiva, nuestros compañeros probablemente no mienten como lo hacemos los seres humanos.
Sin embargo, son excelentes observadores.
Memorizan nuestros hábitos, comprenden qué funciona y adaptan su comportamiento en consecuencia.
Eso también forma parte de su inteligencia y de su capacidad para convivir con nosotros.
¡Ahora te toca a ti!
¿Tu compañero ha intentado alguna vez “engañarte”?
¿Una segunda golosina?
¿Una segunda comida porque fue a pedírsela a otra persona de la casa?
¿O incluso un paseo extra gracias a su mirada irresistible?
Cuéntanos tu mejor anécdota en nuestras redes sociales. ¡Estamos seguros de que Largo y Ulk no son los únicos que prueban suerte!
En conclusión
Probablemente nuestros animales no mienten en el sentido en que nosotros entendemos la palabra.
Sin embargo, saben observar perfectamente nuestros hábitos y repetir los comportamientos que les proporcionan una recompensa.
En casa, Largo y Ulk siguen intentándolo cada mañana. Se sientan tranquilamente delante de cada persona que se levanta, con su mirada más inocente…
Y hay que reconocer que todavía consiguen, de vez en cuando, marcharse con una segunda golosina.
Lo que demuestra que… a veces nos conocen casi tan bien como nosotros a ellos.